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El seitai es una educación para vivir sano y cultivar esta capacidad inherente a nuestra propia existencia.
Si por correr detrás de la técnica se llega a perder de vista la psique, el seitai desaparece.(H.N.)

miércoles, 20 de febrero de 2013

El pulso de la Vida


Cada vez que late el pulso de la vida,
cada vez dentro de mi viene el aliento de la Naturaleza.
Así, en cada inspiración, cada exhalación,
En cada respiración,
Me vuelvo nuevo y fresco, lleno de ki.
Mientras dura la vida,
Incesante respira el aliento,
Esa bendición de la Naturaleza.
Y, yo, infinitamente naciente.
Alegría!
(Haruchika Noguchi)

Escuchar por primera vez el latido del bebé te abre el propio corazón y es una vivencia indescriptible. Su enérgico ritmo llena toda la estancia y te quedas suspendido en como en otro mundo. No existen  palabras adecuadas para describir este momento que inevitablemente produce un cambio de perspectiva. Se desvanece cualquier pensamiento secundario. El ritmo poderoso e incansable de una nueva criatura se presenta ante ti dejando una huella imborrable.
Seguro que muchos padres recuerdan éste momento de alegría tan especial.
Así, te das perfecta cuenta de que la vida brota por sí sola en todo su esplendor... 
Y … no hay que hacer nada para que todo siga su curso!
Una maravillosa sensación de respeto y entrega que no conlleva esfuerzo alguno!
El pulso de la vida te despierta y asistes en directo a un verdadero milagro. Y no está de más, recordarle a nuestra sensibilidad que esto está sucediendo permanentemente y en todas sus formas a nuestro alrededor.
Atender humildemente el latido, con su balanceo mágico y subterráneo es descubrir el aroma envolvente que se da a través del tacto concentrado. Todo nuestro ser queda implicado y aprende de la Naturaleza.
Explorar esta capacidad ilimitada se hace muy fácil a través del vientre de la madre. Ella misma coloca sus propias manos, instintivamente, para acercarse e intimar con la nueva vida que lleva dentro. De esta forma, se establece un lazo especial, único…. El padre, al colocar sus manos, podrá también conocer y compartir esta fascinante unión.  Al ser espectadores implicados nuestra respiración se serena y la exhalación se vuelve larga y profunda.

Dejarnos llevar por esta actitud al situarnos junto a cualquier situación es puro yuki. Y tanto si estamos junto a alguien feliz como junto a alguien que sufre, nuestra calma y alegría naturales se expanden sin esfuerzo.
Todos los conocimientos del mundo no pueden sustituir, ni por un segundo la inteligencia de la propia vida, ajena al razonamiento, cuando ésta actúa en toda su magnitud.
Cuando se establece comunicación, nos entregarnos con ánimo, pero sin empeño. Así, embriagados por la atmósfera cálida del instante, damos rienda suelta al instinto primitivo. Se despierta su vibrante lucidez y olvidamos la técnica exagerada y demasiado encorsetada.

El aprendizaje de la técnica no comienza en la imposición de las manos sino en la vida cotidiana misma.
El ritmo entre aplicación y pausa, el espacio en blanco, no son creados ni por los dedos ni por los conceptos, y son imposibles de conseguir mediante el esfuerzo o la inventiva. Tan sólo nacen y se establecen a través de la vida cotidiana. Por ello, afirmo que la técnica no surge de los dedos, sino de la vida. (H.N.)