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El seitai es una educación para vivir sano y cultivar esta capacidad inherente a nuestra propia existencia.
Si por correr detrás de la técnica se llega a perder de vista la psique, el seitai desaparece.(H.N.)

miércoles, 29 de junio de 2011

El movimiento espontáneo que nace del silencio.

Unas breves palabras tras el curso inolvidable en Les Avellanes este mes de Junio 2011.
Nuestro más profundo agradecimiento a Mutsuko Nomura Sensei y a Erika Sotoyama que más allá de las enseñanzas nos abrigan con su ilimitado y generoso corazón. 

lunes, 13 de junio de 2011

El seitai y la risa (III)


Existen tantos tipos de risa como personas distintas. Y tantas personas como tipos de ki. Es importante sentir nuestro ki y observar nuestra risa. Ciertos modos de reír nos ayudan a fortalecer y animar nuestro ki. Otros, no. Percibir y mover el ki facilita la risa abierta y bien integrada. La risa que sale del hara (el vientre) permite desbloquear los atascos físicos, emocionales y energéticos, y regenerar nuestro ser. La risa profunda y llena de ki es muy adecuada para regular el cuerpo. El ki y la risa están muy relacionados, se retroalimentan y se expanden. Cuanto más activamente utilicemos nuestro ki, más risas acumularemos. Cuanta más risa transmitamos, más energía y más risas tendremos. El ki también se puede entristecer y debilitar, por ello la risa es muy importante. Con el ki y la risa bien entrenados nos sentimos más felices y más sanos.

Lo que los japoneses llaman koshi, es decir la zona lumbar y el sacro, es la fuente de toda acción. Si en algún momento nos sentimos cansados, desanimados o con poca vitalidad, es decir con el ki débil o triste, y queremos despertar a nuestro niño interior, podemos hacerlo flexibilizando nuestro koshi con prácticas del seitai. Jugar y reír con ese niño que llevamos dentro también rejuvenece el koshi. Así mantenemos nuestra energía concentrada, relajada y llena del entusiasmo de la infancia. Cuando el koshi está joven reímos sin saber por qué, nos dejamos llevar por la sensación sin razonar fríamente. Reímos de nuestras propias risas, las saboreamos, nos deleitamos e incluso nos emborrachamos con ellas… El koshi joven no tiene nada que ver con la edad y es indispensable para una risa profunda y abierta. El koshi flexible garantiza nuestra espontaneidad, estabilidad y confianza en la vida. Con las prácticas del seitai el koshi rejuvenece y se arquea, el ki se pone en marcha de modo fluido, el silencio entra en el cuerpo, este se yergue y la energía entra en el bajo vientre.

Después de la práctica del seitai la respiración es más profunda y sosegada y, con optimismo y una nueva fuerza interior, es fácil entrenar la risa de forma diferente, conectando con nuevas frecuencias y con vibraciones más elevadas. Al observar y mover nuestro ki, y al sentir nuestro cuerpo, podemos tomar conciencia de quiénes somos realmente, experimentar con nuestra risa, profundizar en ella, y conectar con la alegría y las ganas de vivir. Con la risa, al igual que con el seitai, se desarrolla la intuición, la empatía y la auténtica comunicación, no a nivel mental sino a nivel energético. El ki y la risa nos reconectan con nuestra esencia.

Cuanto más activamente utilicemos nuestro ki, más risas acumularemos. Cuanto más riamos, más y más reiremos, y más animado será nuestro ki. Con el seitai podemos entrenar mejor nuestra risa y sentirnos más sanos y felices. Al combinar las prácticas del seitai con la risa, podemos alcanzar una concepción más vibrante de la vida, un entusiasmo renovado día a día, y una fascinación por las risas, por la alegría y por la salud.

Estallar en un juego mágico de carcajadas es una sensación maravillosa. Con entrenamiento eso se puede conseguir fácilmente, incluso a solas. Al igual que con el katsugen undo, para conectar con la risa profunda permitimos al cuerpo que vibre, se mueva y ría como él quiera. Del fondo de nuestro ser aparecen sonidos próximos al canto, con modulaciones y entonaciones insospechadas. Es una risa placentera, profunda, inocente y, por supuesto, muy divertida. No hay nada más agradable que reír sin límites, con todas las vocales, con oscilaciones de tonos graves a tonos agudos, y de los agudos a los más graves, con conversaciones de risas que se retroalimentan y contagian a sí mismas, mientras el cuerpo se revuelca y retuerce por el suelo, hasta que se instale la calma total.

Sin embargo la carcajada no es imprescindible. La risa es ante todo movimiento y vibración. Por ello también puede ser silenciosa. De hecho los bebés y los niños más pequeños suelen reír para adentro, sin carcajadas. De la vibración del vientre y la contracción del diafragma surgen sonidos vivos y deliciosos que recuerdan ruiditos o el hipo, y resultan muy gratificantes y contagiosos. Esa risa ligera y sutil de la primera infancia se recupera con un poco de práctica.

Practicar el seitai es entrenarse a afrontar cualquier situación posible con el cuerpo en orden, centrado, con energía, tranquilidad y bienestar. Nos ayuda a sentir placer por la vida, a sentirnos bien dentro de nuestro cuerpo, y a despertar al sanador que todos llevamos dentro. Por ello el seitai resulta muy útil para aquellas personas a las que les gusta experimentar con su risa y buscan nuevas formas de preparar su cuerpo para entrenarla.

Del mismo modo, practicar con la risa es una gran ayuda para quienes buscamos la intensidad y la plenitud en nuestra existencia terrenal y potencia la sensibilidad para profundizar en el seitai. Realmente es un placer combinar ambas actividades y conectar con el cuerpo y el ser a distintos niveles, sentir sus atascos y relajarlos para que el ki fluya de nuevo con total naturalidad.

Junto a la galaxia entera vivimos cambios de frecuencia y de vibración. Aprendamos a jugar con el tiempo y los silencios, aprendamos a conectar con el universo y a reír con él. Si somos felices, los demás también lo serán. Si observamos nuestro cuerpo con calma y alegría, si vaciamos nuestra mente, eso se contagiará a los demás. Cultivemos la alegría y el bienestar a través del tenshin, el seitai y la risa. Entonces la Tierra será sostenible, feliz y próspera.

Yolanda Bandrés

(Continuará en una novela que está en preparación, sobre risas, seitai, y mucho más...)

lunes, 6 de junio de 2011

El seitai y la risa (II)


Practicar la risa y el seitai calma la mente consciente, soltando todo control del ego. Cuando reímos de verdad nos desinhibimos y nos trae sin cuidado lo que los demás piensen de nosotros. Cuando practicamos katsugen undo nos ocurre lo mismo: nos abandonamos. No río para los demás, sino para mí, porque me da la gana. Mi cuerpo se mueve porque él quiere, no porque lo diga mi mente. No practico katsugen undo para que me observen. Me muevo para mí.

Con la práctica de la risoterapia se puede experimentar cómo el bajo vientre empieza a vibrar, sin haberlo decidido con la mente. Sentimos nuestro cuerpo sonreír y luego reír con todas sus células, desde la zona occipital hasta los dedos de los pies, pasando por el tanden. Esa vibración de la risa en el vientre es auténtico katsugen undo, el movimiento más genuino del cuerpo.

En esos momentos podemos sentir la conexión con el todo, la unidad con el universo. Con el seitai y con la risa experimentamos que Todo es Uno. Y entonces recordamos las palabras del Maestro Noguchi: ¡Yo soy el centro del universo!  El tiempo se detiene y aparecen la paz y la felicidad. Como los niños, disfrutamos con nuestra respiración profunda, con el movimiento del ki y la vibración de nuestro cuerpo. Nos divertimos con nuestros bostezos, nuestros estornudos o nuestras carcajadas. Reír es expresar la alegría de respirar, de moverse, de estar vivos. Risa profunda y seitai nos sitúan en el aquí y el ahora. Gracias a ambos recuperamos el control de nuestro ser y nuestra vida.

En su libro Katsugen, the gentle art of well-being[1]Richard S. Omura escribe lo siguiente:

El placer no es una opción. El placer es un requisito para una vida feliz y plena. (...) No debemos olvidar mantener el contacto con el niño que llevamos dentro (...). Al crecer perdemos la visión del niño. Dejamos de mirar como niños. El katsugen puede hacer revivir nuestra capacidad para el placer. Katsugen es como otorgarnos cada día unas mini-vacaciones. ¿Cuántas formas de divertirte conoces? ¿Y cuántas razones para no llevarlas a cabo se te ocurren?

La mayoría de adultos tiene tendencia a reír muy poco o nada. Los niños juegan y se mueven según les pida su cuerpo. La mente no interviene. Los más pequeños ríen cuando están a gusto y en armonía con su interior y su entorno, sin que su mente censure esa risa sana. El seitai nos permite volver a ser niños. El cuerpo sabe cómo moverse y cómo reír. Cuando la mente adulta y arrogante se calma, entonces la auténtica risa y el movimiento genuino surgen por efecto de nuestro sistema nervioso involuntario.

Practicar el seitai sin estar conectados con nuestro niño interior no suele hacernos sentir realmente en plenitud, y no despierta el katsugen profundo. Recurrir a la risa es la mejor forma de despertar al niño o la niña que llevamos dentro y así incrementar nuestra capacidad para la alegría y el placer creativo. Para mantener el equilibrio es vital permitir a ese niño que se manifieste con su sencillez, su entusiasmo y sus ganas de jugar, relajarse y divertirse. Todos somos niños del universo y guardamos alegrías que necesitan ser desveladas.

Si la mente entra en conflicto con lo que nuestra alma desea, nos sentimos estresados y perdemos nuestra libertad. Nuestro cuerpo fue creado para moverse con total libertad. Con la risa, al igual que con el seitai, podemos recuperar la espontaneidad y la armonía interior, liberándonos de vergüenzas e inseguridades aprendidas, y comprobando cómo nuestro ser natural se empieza a abrir. Tanto en el seitai como en la risoterapia se trata de disfrutar dejando el cuerpo en total libertad y permitir que el movimiento aparezca en cualquier lugar del cuerpo, incluso en el diafragma, el bajo vientre y las cuerdas vocales. Entonces nuestras células se sienten felices de poderse mover, jugar y reír libremente.

Cuando aprendemos a tomar distancia de nuestros pensamientos y nuestras emociones, cuando estos ya no nos controlan ni nos hacen sufrir con objetivos demasiado duros, cuando permitimos a nuestro niño interior que se divierta, empezamos a dominar el arte de vivir. Equilibrar nuestra vida mediante el seitai y la risa es una forma magnífica de disfrutar con los altibajos de la existencia. Divertirse, reír y mover el cuerpo son deseos que el seitai ayuda a despertar, al igual que nuestra libertad interior.

Empecemos por fin a ser el niño o la niña que tal vez nunca nos permitimos ser. Descubrir que nuestra risa es contagiosa para los demás y para nosotros mismos es un placer incomparable.

continuará

Yolanda Bandrés


[1] La traducción al español sería “Katsugen, el arte suave del bienestar” .