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El seitai es una educación para vivir sano y cultivar esta capacidad inherente a nuestra propia existencia.
Si por correr detrás de la técnica se llega a perder de vista la psique, el seitai desaparece.(H.N.)

lunes, 18 de abril de 2011

Una sola Vida

Podemos estar muy agradecidos a mi  Amigo Juancho, por esta experiencia revelada desde el corazón, tras el fantástico curso que pudimos compartir de la mano de Kunio Nomura Sensei en Mallorca.
Disfrutemos de su inspiración y si tenemos tiempo, releámoslo porque vale mucho la pena!!!

Reflexiones tras el seminario de auto-realización (Inochi no Seminar) ofrecido en Mallorca por Kunio Nomura durante los primeros días de abril del 2011.
Muchos de los que comenzamos a practicar Katsugen Undo y nos adentramos poco a poco en la profundidad del Seitai, descubrimos al principio que hay una vida profunda mas allá de la vida aparente. Con el tiempo, uno se vuelve mas sensible, mas activo, mas despierto a esa especie de “nueva dimensión” de la vida. Y así la práctica se va volviendo mas interesante y mas plena, llena de sorpresas y enseñanzas, no solo en el Dojo o lugar de práctica y en la práctica misma, sino en el día a día, en el trabajo, la pareja, la comida, el paseo, etc. Parece que la Vida te habla desde algún lugar oculto y te cuenta sus secretos, sacándolos por fin a la luz.

En ese punto, uno parece a veces sentirse finalmente asentado, con una sensación de estar en el lugar correcto, en un lugar de luz, con la sensación de haber descodificado por fin el mensaje escondido de la existencia. En realidad... se trata mas bien de un estancamiento camuflado pues, sin darse cuenta, con sus descubrimientos uno ha ido creando poco a poco una línea divisoria entre dos vidas: la vida profunda y la vida de la superficie, la vida absoluta y la relativa, la vida de Dios y la del hombre, la vida del Ser y la vida del Ego.



Desde ahí, todo parece partido por la mitad: el consciente y el inconsciente, la gente new-age y la gente que-no-se-entera, el momento en el que estoy conectado y el momento en el que me despisto, el Katsugen y el No-Katsugen, la dieta sana y el chuletón, el texto iluminado del maestro y la noticia fría del periódico, la gente con luz y buena energía y la gente chunga, la vida mágica y la vida cotidiana, la naturaleza y la ciudad, y así hasta el infinito y mas allá...



Por suerte, con los años, poco a poco se revela una de las maravillas del Katsugen, y esto sucede precisamente cuando esa línea divisoria se disuelve y el muro interno se viene a abajo. El muro es siempre interno. La vida no tiene ningún muro, no tiene límites, no hay separación. La vida es una sola. Y el Katsugen se manifiesta entonces como una experiencia ideal para vivir esa contundente realidad total de forma clara e incontestable.

Cuando uno tiene sed, se levanta, va a la cocina, abre el grifo y se bebe un vaso de agua. En realidad, la sed no es nuestra, o sí. La sed es una necesidad de unas células, un tejido, un proceso fisiológico determinado, un órgano en particular, etc. Una inteligencia biológica profunda e inaccesible, la vida adentro, secreta e inconsciente, esta vida celular, sabe que necesita agua: la vida tiene sed. Esta necesidad interna se proclama en una llamada hacia el exterior y emerge en forma de sed-consciente, nuestra sed, lo cual hace que toda esta alucinante creación ordenada de músculos, cerebro, huesos, nervios, etc, se ponga en movimiento y se sirva un refrescante vaso de agua en la cocina. La sed es nuestra, y la sed no es nuestra, la sed es de la Vida.



Sin duda, el interior mas profundo e inaccesible se comunica con el exterior mas aparente y todos-a-una satisfacen su necesidad vital. Parece que hay una vida adentro y una vida afuera, sí, pero no parece que haya un muro que las separe. La célula o el órgano no pueden ponerse en pie o abrir un grifo, pero yo si puedo. La célula, mi mente, el inconsciente, el consciente, mis movimientos, todos somos una unidad y nos movemos en una dirección: la de la Vida. La célula y yo somos uno, la vida y yo somos uno, no como dos partes muy bien pegadas, somos uno como la vida única, sin costuras. Solo Uno. Yo soy la Vida y la vida soy Yo.





En la práctica del Katsugen, por ejemplo, al principio uno no sabe muy bien si se mueve porque se mueve uno o porque el cuerpo se mueve o porque al cuerpo lo mueve algo más allá de él. Son los debates naturales del practicante durante los inicios. ¿Esto es Katsugen? ¿Esto no es Katsugen? Con el tiempo, cuando la práctica cala hondo, uno se da cuenta de que no se mueve uno, sino que se mueve Uno, de que se mueve la Vida. No hay movimiento externo o interno, no hay nada que mueva nada, ni una parte que mueva a otra parte, ni diferencia entre querer moverse, simplemente moverse, o sentirse moverse. El movimiento es necesidad solicitada y necesidad satisfecha a una sola vez, origen del movimiento y expresión del movimiento siendo solo Uno. El movimiento, el que se mueve y lo que lo mueve son el mismo Uno. Ahí cobra sentido la frase que Dios dice al místico: “no me buscarías sino me hubieras ya encontrado”. Desaparece la división entre inconsciente y consciente, entre cuerpo, energía, mente, movimiento, deseo, resultado, búsqueda, hallazgo, yo. Solo hay Uno. Y Uno, la Vida toda, se mueve.



De la misma manera sucede con el Yuki, cuando comunicamos e intercambiamos Ki con otra persona. El Ki se mueve al principio como pasando de uno a otro, pero finalmente se manifiesta como un único Ki que mantiene la vida de todo, que Es en Todo y que no conoce propietario alguno, ni remitente ni destinatario. Igualmente, el Katsugen no tiene dueño, es la Vida que se mueve por si misma, para sí misma, en sí misma. La Vida se con Uno, para Uno, desde Uno. Y así el Yuki o el Katsugen revelan que no tienen autor, ni límites, ni sello de salida ni de llegada. No empiezan o terminan en un cuerpo sino que van mas allá del cuerpo. Katsugen y Yuki surgen desde la profundidad insondable, alcanzando el exterior sin límites mas allá del cuerpo, de la habitación, del mundo. Igual que con el vaso de agua, con la diminuta célula y con nuestro cuerpo entero, y todos los cuerpos, el Katsugen atraviesa el Yo y lo expande desde la entraña hasta el infinito universo. Siempre mas allá del espacio y del tiempo separados y relativos, siempre y absolutamente Aquí y Ahora.



Así la vida ya no está separada en mía o tuya, en relativa o absoluta, no hay vida con minúsculas y vida con mayúsculas, no hay Katsugen y No-Katsugen o vida superficial y vida profunda. No hay vida que yo controlo y vida que yo no controlo. Este es el giro profundo del Katsugen: “yo no soy el autor y la vida es la obra, tampoco la vida es el autor y yo soy la obra, mas bien: Yo soy la Vida, yo soy toda la vida, la Vida Total”.



Cuando los muros internos se derrumban, se derrumban también los externos. Ya no hay asuntos serios y asuntos banales, no hay una vida en la superficie y una en el fondo, no hay movimiento voluntario y movimiento involuntario, las personas o las cosas no son de una manera en la superficie y de otra en el fondo. El bebé moviéndose en la cuna no entiende de vida afuera y vida adentro, de bebé afuera y bebé adentro, de bebe relativo o bebé absoluto. El bebé es bebé, solo Uno, es Vida, una sola Vida, el bebé es Toda la Vida.

La meditación es una experiencia estupenda y muy eficaz para perder el miedo a la muerte. De manera parecida, el Katsugen es una experiencia maravillosa y muy eficaz para perder el miedo a la Vida, en toda su fuerza y en toda su unidad. Todo es todo ya, tal cual es, no hay nada que construir, añadir o alcanzar. Aún así, la práctica continuada va estrechando ese canal relativo del pensamiento quebrado, mentiroso y quejumbroso, de observación limitada llena de obstáculos y control frustrado, y va ensanchando mas y mas la vía de la verdad manifestada, absoluta, de la comunicación, de la apertura y la unidad, dentro y fuera de la existencia irrevocable.


Si tenemos fe en el abrazo continuo de la vida, en nosotros, en los demás, como unidad que somos, y vivimos la vida desde un Yo que se abre a todo y es todo, la existencia se revela infinitamente mas verdadera y amable. Entonces meditación y Katsugen son una única práctica que nos revela la única realidad total sin divisiones ni condiciones: “Solo hay Una Vida, todos los seres vivimos la misma y única Vida Total”. 
Juan Calvo Loygorri

2 comentarios:

  1. Me parece un artículo muy completo!
    Felicidades por ser capaz de expresar en palabras algo tan inexplicable.
    Cuando estamos tan atados a los pensamientos, nos volvemos incapaces de seguir algo tan sencillo como el deseo natural y eso impide que podamos concentrarnos "totalmente" en el Vivir...

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  2. Gracias por acercarnos esta vivencia, experiencia. No es fácil de decir, y está dicho de maravilla. Como se respira o como el viento o como cae la lluvia. Es fácil y simple, lo complicamos al crecer, y todo el camino es un camino de vuelta a casa.
    Un saludo afectuoso

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