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El seitai es una educación para vivir sano y cultivar esta capacidad inherente a nuestra propia existencia.
Si por correr detrás de la técnica se llega a perder de vista la psique, el seitai desaparece.(H.N.)

lunes, 13 de septiembre de 2010

Yuki (I) : Introducción.


Si nos duele el estómago, la cabeza o las muelas, llevamos las manos a esa zona. Lo hacemos instintivamente, sin una voluntad lógica la mano se dirige casi de forma automática.
Son actos reflejos, al igual que lo es, la forma de atender con delicadeza a un bebé cuando le acariciamos la nuca o la barriga, o cuando acompañamos con la mano la zona dorsal de espalda de alguien para darle ánimo
Como consecuencia de estos fenómenos, que en sí mismo no persiguen ningún fin aparente, la zona afectada siente cierto alivio y el niño o la persona se calman porque les reconforta esta comunicación íntima tan agradable.
Son momentos en los que aparece este sistema tan natural de atención y en ellos se encuentra una relación peculiar con la vida misma.
Hablamos de yuki cuando vamos profundizando en esas sensaciones y conectamos con lo que llamamos ki o energía que palpita bajo cualquier forma de vida.
El yuki no sólo se da entre las personas, sino también puede aplicarse a las plantas o a los animales que son sumamente sensibles a esta comunicación que nace del deseo natural de prestar atención.

 Al ir practicando yuki, la sensibilidad aumenta, vamos percibiendo matices sutiles y el ki puede comunicarse en la profundidad. De esta forma, muchas anomalías desaparecen para ceder el paso al bienestar que produce la respiración cuando el vientre se llena de energía.
 

El yuki, aunque suele realizarse con las manos, también puede realizarse con los ojos o de muy diversas maneras. En realidad, parte del corazón y la mente debe estar despejada y clara como la de un niño, con la transparencia de un arroyo que fluye en las altas montañas.

El maestro Noguchi supo escuchar la vida tal cual se manifiesta y definió el yuki con un símil que sugiere la amplia gama de sensaciones que se experimentan con esta práctica.
Así pues, veía el yuki como “La luz que penetra a través del Shoji” (puerta corredera con entramado de madera cubierto de papel típica japonesa).
Esta luz, al igual que el yuki, es envolvente, agradable, suave y cálida.
Así que, aunque la mano se sitúe en una zona determinada, el yuki debe abarcar la totalidad y llegar hasta el interior profundo para despertar la fuerza latente que subyace en el fondo de cada persona.

Aunque al practicar yuki la persona recobra y amplía su propia capacidad para vivir sano, dentro de la cultura del Seitai no se realiza con ninguna intención terapéutica, puesto que la atención se centra en el movimiento de la vida. Para que esta atención sea limpia la mente no debe albergar pretensiones o deseos de lucimiento como... ¡mire que yuki tan habilidoso leestoy realizando!
De la misma manera, quien recibe yuki no delega el hecho de estar vivo en otra persona.
Pongamos por caso...una persona se tumba, como diciendo: “Aquí estoy... ahora ya puede curarme o aplicar sus técnicas para que esto no me duela...etc.”
Esta forma de sentir no tiene ningún sentido a nivel de yuki y sería tanto como decir: tengo ganas de ir al lavabo, por favor, puede usted realizar por mi mis propias necesidades?

Por estos motivos, habitualmente, cuando viene alguna persona para recibir yuki, suelo pedir que realice algún ejercicio apropiado para estimular el deseo espontáneo del cuerpo, Y le sugiero que observe los efectos o consecuencias del mismo.
Es una manera de que la persona tome las riendas de su propia vida y no delegue totalmente semejante responsabilidad en otra persona. Es una forma de “darse cuenta” de que es capaz de vencer por sí misma sus dificultades o tensiones parciales, acudiendo a su fuerza interna latente.
Así que animo a desprenderse de prejuicios y a situar las manos con el respeto que la propia vida merece y de esa manera disfrutar plenamente, y sin ataduras de los efectos del yuki como un regalo de la Naturaleza misma.