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El seitai es una educación para vivir sano y cultivar esta capacidad inherente a nuestra propia existencia.
Si por correr detrás de la técnica se llega a perder de vista la psique, el seitai desaparece.(H.N.)

viernes, 12 de febrero de 2010

Cultura seitai I.

Seitai, literalmente significa el cuerpo regulado.
De hecho, el cuerpo ya posee esta capacidad innata, el seitai tan sólo pretende recuperarla. 
Lo que sucede, generalmente, es que las tensiones acumuladas han conseguido que esta facultad de autoregulación quede entorpecida. 
Cuando hablamos de cultura seitai, nos referimos a un sistema de educación y sensibilización del cuerpo a nivel involuntario, incosnciente...
Por tanto, las ideas o creencias religiosas, políticas o filosóficas son una cuestión ajena a esta perspectiva.                   
Su propósito, es el de conseguir flexibilidad y sensibilidad a nivel físico, mental y emocional; de forma que aparezca la capacidad innata para desplegar la propia fuerza interna.

Las tensiones físico-mentales se entienden como bloqueos, generalmente adquiridos, que nos impiden vivir la vida en toda su plenitud.
A través de prácticas naturales y sencillas (yuki, Gyoki, katsugen, etc.) podemos disfrutar de esa experiencia formidable que es la de sentir la vida moviéndose en nuestro interior y que con palabras difícilmente podemos explicar.
En la vida cotidiana, el cuerpo sensibilizado a través del seitai se regula de forma espontánea.
El seitai nació en Japón, a mediados del siglo pasado, gracias al fantástico descubrimiento de Haruchika Noguchi (1909-1976).
Sin embargo, aunque su origen es oriental y muestra matices profundamente arraigados en la cultura tradicional japonesa, su práctica no conoce fronteras puesto que está basada en la naturaleza propia de la vida.
Al ir practicando, por ejemplo katsugen, vamos comprendiendo quien es el verdadero maestro y guía delante de nuestros problemas. Puesto que a través de un diálogo en el que se comunica nuestra mente consciente con la inconsciente aprendemos a descubrir la verdad de una forma clara y natural, siendo espectadores de nuestro propio movimiento espontáneo.
El movimiento de la vida existe en nosotros mismos y por supuesto es anterior a cualquier anomalía (tensión excesiva parcial) o problema, de hecho, anterior a nuestro propio nacimiento o al nacimiento de cualquiera.
Si damos una pincelada sobre un lienzo, acariciamos a un ser querido, o simplemente movemos un brazo para sujetar una manzana, el movimiento espontáneo y natural de la vida está presente.
Cuando nos enfadamos o cuando lloramos o reímos, al caminar deprisa o al escoger una bifurcación, al bostezar o estornudar o al hacer la digestión… siempre está presente el deseo profundo de vivir.
Descubrir esa chispa vital en cada acto es algo que pertenece a nuestra propia existencia.
Sentir es “ser” plenamente, sin dejar perder cada instante con divagaciones inútiles, que no conducen a ninguna parte.
Cuando el ánimo falta, cuatro gotas de lluvia son una fuente de problemas (¡Vaya con esta lluvia mi peinado se echará a perder y quedaré horrible, y me constiparé y se mojarán mis zapatos nuevos, y habrá un embotellamiento horrible en la ciudad, y ….)
Cuando se vive y actúa con ánimos, cuatro gotas de lluvia realzan la belleza sobre las hojas de los árboles que parecen sonreír, felices de su limpieza, y el chisporroteo nos recuerda una melodía que hincha nuestro pecho de emoción.
Ser feliz es un estado del cuerpo.
Si, por ejemplo, las costillas están caídas, el pecho se oprime y no entra el aire hasta la parte baja de los pulmones y el ambiente lúgubre nos persigue incluso en medio de una fiesta.
Si el vientre se llena, cualquier cosa provoca en nosotros una sensación de plenitud. Sea por la luz del amanecer o por observar una luna llena o por observar la forma de caminar de un gato.
Vivir acorde con nuestro propio deseo profundo nos hace libres de ataduras, a menudo inventadas o heredadas y es el objetivo fundamental para una genuina educación seitai.

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